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Ronald Hill Álvarez
hillron@hotmail.com
Siempre
está en mis pensamientos, en esos momentos difíciles de
la vida, de angustia, desesperación y decepciones por lo
fallido, siempre regresa, sin llamarlo, como una luz que
me da ánimos para seguir adelante. Nunca podré olvidarlo.
Sus rincones, lugares de encuentros, paseos, la vida de
su gente, los amigos de juventud, la vida vivida en él,
siempre están presentes. La cálida casa de mi abuela
Manuela, contiguo a la de mis padres, regresa y me
encuentro sentado en la mesa redonda de la cocina
comedor, junto a mi abuelo Felipe, noto como sazona y
saborea la suculenta comida, escucho sus palabras
claramente, me vuelve a ver, sonríe, continua hablando
siempre de cosas buenas, trae buenas noticias a la mesa.
La imagen se nubla y vuelvo a la realidad. Suspiro y me
lleno
de coraje.
Cambió en todos los aspectos. En lo físico, como nos
sucede con el paso del tiempo, los excesos marchitaron
su belleza y encantos porque la codicia de unos cuantos
casi termina con sus riquezas. La naturaleza le jugó una
mala pasada, rompió sus vínculos con la franja costera y
lo convirtió en una isla en medio de la nada. Su gente
cambió, la mayoría de los jóvenes se marcharon en busca
de un futuro mejor y cuando regresan son extraños entre
los que volvieron a poblarlo. La vida cambió de una
manera dolorosa pasando de la abundancia a la miseria en
corto tiempo, en un suspiro la pujante actividad
económica que le daba esplendor desapareció y sin
invitación aparecieron la miseria, el hambre, las drogas,
la delincuencia. Sus aguas perdieron profundidad y la
riqueza marina a su
alrededor también emigró. Muchos barcos quedaron varados
y con el tiempo se convirtieron en chatarra oxidada,
abandonados, como fantasmas de mar y por muchos años su
muelle principal estuvo ocioso.
La adversidad hundió a muchos en la droga y se
convirtieron en “zombies”, enemigos de la poca riqueza
de su gente y también en enemigos a muerte de los perros
flacos hambrientos que detectan sus pasos en la calma de
la noche. Durante el día deambulan por sus andenes, se
concentran en el muelle de las pangas sentados en las
bancas a la espera de pasajeros y corren tras los bolsos
para cargarlos a cambio de monedas y, si te rehúsas a
ello, te acompañan en el recorrido pidiendo sin cesar
para la comida. Algunos vagan por la costa con los ojos
amarillentos, perdidos en el horizonte, con esperanza de
que las olas les entreguen algo que vender. A otros la
adversidad no los ha podido
doblegar y han encontrado nuevas formas de vida. Unos
pican piedra y venden piedrín para ser utilizadas como
materiales de construcción, otros han encontrado en la
venta de agua el sustento de sus familias y en la venta
de chatarra al por mayor ante la abundancia de este
recurso. Para el verano y semana santa, algunos han
logrado construir pequeños ranchos de paja en la playa,
donde venden bebidas y comida a los veraneantes que cada
vez son más por la belleza de su playa. La mayoría esta
de brazos cruzados, obligados a permanecer en estado de
miseria por una Empresa gringa llamada Gulf King que le
debe al Estado de Nicaragua y a ellos, su salario,
vacaciones e indemnizaciones según las leyes laborales
del país porque se ha declarado en quiebra y nadie hace
nada por el hecho de ser norteamericana.
La desesperación los ha obligado a ejercer presión
tomándose el plantel de la empresa Petronic cortando el
abastecimiento de combustible y paralizando al instante
la economía de la RAAS. El Gobierno Regional les
prometió reactivar la pesca habilitando unos diez barcos
camaroneros sin contar con los recursos para ello. El
Gobierno Central envía regularmente alimentos básicos y
los exonera del pago del servicio de luz eléctrica. Con
estas medidas los líderes suspendieron la toma pero la
población los acusó de haberse vendido al Gobierno y
otro grupo se volvió a tomar el lugar, entre ellos los
enemigos nocturnos de los perros.
La problemática es tan profunda que la solución no está
al alcance de las autoridades regionales. Solamente se
podrá superar con una empresa fuerte, integrada,
rentable y sostenible, con una flota moderna de barcos,
con un astillero para su mantenimiento, con mercado
seguro de sus productos, que genere empleo permanente y
temporal, y lo más importante, que contribuya a
recuperar las esperanzas y el esplendor de El Bluff. El
gobierno Central tiene las posibilidades y el reto de
hacerlo realidad.
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